Los cánceres de la NBA y sus demonios internos en manifiesto mediante actitudes erróneas de jugadores como Kyrie, James Harden y Kevin Durant; LeBron y Curry, los exorcistas perfectos para un mal que no ganará cuando finalmente se baje el telón

Por René Romano @reneromanosport @IAmRomano10

LOS ÁNGELES, EE.UU.— No cabe duda de que las enfermedades son los intereses que se pagan por andar invirtiendo mal en los placeres.

Les diré por qué. Sin rodeos y al grano. Al estilo Romano.

Porque el mayor error que podemos cometer —como seres humanos— es creer que estamos trabajando para alguien más cuando cometemos errores y horrores. Cuando lo obvio, y evidente es que, todo lo que hacemos resulta en positivo o negativo por y para nosotros.

¿No me cree? Y es que la enfermedad hace con la salud lo que el hambre hace con la hambruna, y el cansancio con el descanso.

Lo releva instantánea pero temporalmente, tal y como ha sucedido en los casos específicos de Kyrie Irving, James Harden y un Kevin Durant, que siempre logran encontrar una curita que tapa su herida de bala —dentro de más de algún quinteto—, más nunca, una solución permanente que sella la hemorragia por completo.

Hoy, esos tres jugadores —en mención—son los mejores ejemplos de gente que toma malas decisiones y actitudes que no trabajan a favor de su bien, pero si a favor de su mal, y el de aquellos quienes los soportan y que se prestan para ofrecerles compañía y apoyo a pesar de todos los pesares.

SENTIDO COMÚN

Y es que basta con decirles que, “sí solitos no pudieron, mucho menos mal acompañados”. En esta ocasión, irónicamente, el uno del otro, en favor del otro, y a la vez, en contra del otro.

¿Aun no me capta? vea, y es que la realidad — luego de hacer cuentas— Kevin Durant no ganó nada sin Stephen Curry, ni Kyrie Irving sin LeBron James, resultando en los mejores ejemplos de lo que es ser ‘cargado y alcahueteado’ dentro de la NBA, y no apto para liderar a nadie dentro de la mismísima NBA.

Una liga que, por lo visto, le solapa sus gracias a ‘otrora pandilleros’ y ‘bullies’ como James Harden, que se une a los otros dos (KD y Kyrie), solo para buscar una solución que nunca le llegará, pues —los tres—se han arrimado al árbol equivocado.

Y es que ninguno de los tres es buen líder ni mucho menos una fuerza sobrenatural o ejemplar como para poner a Brooklyn en la cima del mapamundi de la NBA.

Durant es un tipo que le huye a los conflictos —suave como Charmín— y que no da hoy, ni dará la cara nunca, aun cuando alguien como Draymond Green le reclame en su cara, o algún otro como Kyrie Irving le estropee sus planes, llevárselas de líder y campeón.

¿Y Harden? Un expandillero que goza más de la vida nocturna que una de básquetbol. Una receta perfecta para el desastre. Uno en busca de un placer que terminará con lágrimas y amargura, no con medallas no pergaminos.

En una intensa búsqueda por la salvación cuando baje el telón, que como siempre, será interrumpida por los mismos de siempre, cuando ya hayan exorcizado los males a esta legión oscura, colocándose una vez más y por las buenas, al tope de una liga que sufre de su juego colectivo, pues gracias a los tiros de tres, parece cada más cerca de su extinción.

DIGNOS DE REFLECTORES

Pero sin desviarnos mucho del tema, y mientras este equipo se desune y nos da la razón —a los que tuvimos los huevos para decirlo todo en su momento—al jugar de forma predecible y nada extraña para todo técnico o rival (sin desmeritar que son grandes jugadores pero con un cerebro de maní), hay que darle mérito de sobra a los que siguen siendo lo que dicen ser, y los que sabemos serán lo que dicen ser… para la eternidad.

Y claro, hablamos de la calidad, el liderazgo, el pundonor, la casta y el talento de jugadores de la talla de Stephen Curry y LeBron James, que con todo a favor y todo en contra — pues heredan haters como este servidor, a diario y sin falta— siguen siendo lo mejor de una liga que nuevamente harán suya cuando lleguen los Playoffs.

Algo en lo cual será secundados por Jimmy Butler, el dios griego, Giannis Sina Ugo Antetokounmpo y Damian Lillard, cuando llegue el momento de demostrar quién es quién y cuando realmente cuenta.

Todo esto ante la ausencia de los tres de Brooklyn, y los dos de Los Ángeles, en Kawhi Leonard y Paul George— que por más muecas que hagan, cosas que digan e insinúen que pueden hacer o lograr y forjar— nos defraudarán cuando sucumban ante la presión y los reflectores brillen sobre otras arenas a la espera de los verdaderos guerreros y herederos de la Liga.

Sí, los que se harán cargo de esta misma liga de básquetbol en un par de años cuando les pasen el bastón sus sucesores, encabezados por ‘ballers’ de la talla de Lamelo Ballo, Luka Doncic, Lonzo Ball, Brandon Ingram, Obi Toppin, Joel Embiid, Julius Randle, DeAndre Dayton y próximo rey de la NBA, Bronny James, en un par de años (2023).

En cierre, nunca olviden que la razón se compone de verdades que hay que decir y verdades que hay que callar.

Los dejo. Hasta la próxima.

About The Author